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Relato erótico: Contrato una puta y es mi hermana

Lee este relato erótico que se llama "Contrato una puta y es mi hermana".

·2 min de leitura

Todo empezó con un impulso curioso, una mezcla de soledad y deseo que me llevó a buscar una compañía distinta, alguien que pudiera entender mis ganas sin demasiadas preguntas. Encontré un anuncio discreto, un número de teléfono y un mensaje sencillo. No sabía qué esperaba, pero el precio estaba claro y parecía justo. Mandé un mensaje, preguntando cuánto cobraba y qué servicios ofrecía. La respuesta fue rápida, una cifra que no me sorprendió y una promesa de discreción y profesionalidad. Acordamos la hora y el lugar: mi casa, para evitar complicaciones. Fue un contrato extraño, cargado de tensión y cierta incredulidad que no sabía cómo manejar.

La espera

Mientras esperaba, mi mente divagaba entre el deseo y el absurdo de la situación. Imaginaba cómo sería ella, qué cara pondría al verme, si se arrepentiría o si, por el contrario, se dejaría llevar por el papel que íbamos a interpretar. Mi cuerpo reaccionaba a esos pensamientos, una mezcla de nervios y excitación contenida. Pensaba en la ropa que llevaría, en la forma en que sus ojos podrían buscar los míos, tratando de entender qué estaba pasando realmente. Me sentía atrapado entre lo prohibido y lo inevitable, sin saber si reír o callar, sin saber si dejarme llevar o mantener el control.

La llegada

Cuando sonó el timbre, mi corazón se aceleró. Abrí la puerta y allí estaba ella, con una mirada que no necesitaba palabras y una ropa que dejaba poco a la imaginación. La tensión se cortaba en el aire, y aunque la sorpresa me paralizó un momento, pronto comprendí quién era en realidad. Era mi hermana. No hubo reproches ni preguntas, solo un silencio cargado de electricidad. No me enfadé, aunque la situación podría haber sido un desastre; en vez de eso, sentí una corriente interna que me recorrió el cuerpo. No dije nada, pero noté que me ponía duro, que el calor subía sin permiso. Ella parecía tan dueña de su papel como yo de mi silencio. Fue un momento íntimo, un pacto tácito entre dos almas que, a pesar de todo, eran familia.